Los cielos del norte chileno volvieron a teñirse de colores para reafirmar su estatus en el circuito global de los deportes extremos. Durante seis intensas jornadas a finales de este mes de octubre, las comunas de Iquique y Alto Hospicio se convirtieron en el epicentro indiscutido del vuelo libre al albergar el esperado campeonato internacional «PRE SRS OPEN IQUIQUE 2026».
Este magno evento deportivo logró convocar a más de un centenar de pilotos de élite provenientes de doce países, quienes desafiaron las inmejorables corrientes térmicas y la geografía única que ofrece la Región de Tarapacá. La exitosa realización de este torneo no solo puso a prueba la destreza técnica de los competidores internacionales, sino que también ratificó de manera definitiva a la zona norte de Chile como un destino de primer nivel para el turismo deportivo, inyectando un impulso vital a la economía y a la visibilidad de la región.
Sin embargo, el profesionalismo y la estricta organización vividos en el norte contrastan profundamente con un inusual y temerario incidente ocurrido semanas atrás en la capital del país. A fines de septiembre, la cotidianidad y el denso tráfico de la Región Metropolitana se vieron abruptamente interrumpidos por el aterrizaje no autorizado de dos deportistas en paracaídas y parapente en plena avenida Vicuña Mackenna.
El riesgoso descenso en una de las arterias más transitadas de Santiago encendió de inmediato las alarmas de las autoridades. Ante el evidente peligro para transeúntes, vehículos y los propios voladores, la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) anunció la apertura de un sumario y una rigurosa investigación para esclarecer cómo se vulneró el espacio aéreo urbano. Mientras Iquique celebra la proyección internacional y segura de esta disciplina, el episodio capitalino mantiene abierto el debate sobre la fiscalización y los límites del vuelo en zonas densamente pobladas.

